EL HERVIDOR ROJO
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Si tuviera que resumirte en una sola frase:
Eres un diseñador–constructor con mentalidad de explorador científico, que disfruta más creando proyectos reales que acumulando bienes, y que encuentra sentido en transformar ideas complejas en cosas concretas que funcionen.
Y hay otro detalle que aparece bastante claro:
Aunque hoy hablas mucho de hoteles, electrónica o astronomía, el rasgo más constante no es ninguno de esos.
Es la curiosidad.
La curiosidad parece ser el motor principal que conecta prácticamente todo lo que haces.
En el núcleo, la densidad y la temperatura aumentan durante cientos de miles a millones de años, hasta que finalmente se enciende la fusión nuclear: nace una estrella.
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El panteísmo es una concepción del mundo y una doctrina filosófica según la cual el universo, la naturaleza y la deidad que los monoteístas llaman Dios son idénticos.1 El panteísmo no estipula a un ente como Dios, sino que la ley natural, la existencia y el universo (la suma de todo lo que fue, es y será) se representa por medio del concepto teológico de lo que las religiones llaman «Dios». En adición, es una variación evidente del monismo, pues la única verdad, causa, sustancia primaria o materia que constituye al mundo, según el panteísmo, es Dios. Igualmente el Panteísmo daría origen al concepto posterior de panenteísmo, en el que Dios engloba el universo y sus leyes, pero que va más allá y no se limita a una igualdad entre Dios y el universo.
Etimológicamente, la palabra está compuesta del término griego πᾶν (pan), 'todo', y θεός (theos), 'Dios'.1 De manera general, el panteísmo puede ser considerado como una ideología filosófica o como una concepción del mundo. En el teísmo se enfrentan dos términos: «dios» y «mundo». El panteísmo procede a relacionarlos al máximo; el resultado ha de ser un monismo, que puede adoptar diversas caracterizaciones tratadas a continuación.
Algunos ejemplos en la historia han sido la religión hindú (Brahman), taoísta (Tao) y la budista (Buda). Como se puede ver, ha sido parte de la construcción histórica de las culturas de oriente. Además, en la antigua Grecia, el estoicismo (Logos) y el neoplatonismo (Unidad de la cual proceden todos los seres, descrita por Platón y Aristóteles) también tenían ciertas ideas que se pueden relacionar con este pensamiento. En diferentes filosofías como la medieval cristiana (Dios concebido por Nicolás de Cusa), la musulmana (Alá, según Averroes y Alfarabi) y la judía (Dios concebido por Acicebrón) han tenido tendencia también. Y por último en filosofías modernas como el idealismo alemán (El yo absoluto) y la de Hegel (Idea junto con el dinamismo de la naturaleza y el devenir de la historia humana) no se han salvado de la influencia del panteísmo. A manera de aclaración, la filosofía medieval cristiana, la judía y la musulmana tuvieron como aporte elemental al neoplatonismo.
El origen del panteísmo se le atribuye a la filosofía hindú y griega, se afirma que sus textos religiosos son los más antiguos con esta clase de ideas. En la Filosofía india, más específicamente en la Vedanta, Brahman es la realidad superior en el universo (considerando sin embargo que su concepto incluso abarca más allá del Universo y lo relacionado con este). Esta realidad es considerada como la verdad infinita, impersonal, omnipresente, omnipotente, abstracta, inmanente y trascendente en el universo. Si bien, Brahman es el único fundamento del universo, a su vez, es la suma total de lo que fue, es y será en el universo.
Posteriormente, en los Balcanes también se estaría desarrollando un pensamiento similar, en el que pensadores como Thales, Heráclito y Parménides que junto con sus seguidores, planteaban nociones del panteísmo y la naturaleza divina de la materia, mas nunca hablaron explícitamente de un "panteísmo". Se puede afirmar que el origen en concreto del panteísmo es desconocido, pues ha sido una evolución de ideas muy antiguas y de diferentes lugares, pero el término "panteísmo" se le atribuye al matemático Joseph Raphson en su obra De Spatio Reali seu Ente Infinito escrita en 1697. Dicho lo anterior, a lo largo de la historia, personas, como el irlandés, John Toland, han hecho referencia a este tema y se ha diversificado tanto que han sido creadas diferentes variaciones de la corriente filosófica.
Muy generalmente se puede dividir el panteísmo en dos pensamientos. El panteísmo trascendente, el cual cree que Dios está más allá de los límites del universo (superioridad) y está presente en todos lados. Por otro lado, está el panteísmo inmanente, el cual concibe a Dios como el universo mismo, por lo que al identificarlo como el cosmos, a su vez se identifica inherente a la naturaleza. Es necesario aclarar que, aunque suene a una contradicción, el panteísmo trascendente inmanente existe y se ven reflejado en Brahman, dios hindú explicado anteriormente.
Según la formación se han creado tres tipos de panteísmo, el preteológico, teológico y el posteológico. El primero fue formado en aquellas culturas donde no se había establecido el concepto de sagrado y la unidad del mundo. El segundo es el resultado del amalgamamiento de culturas politeístas. El tercero es la síntesis de las diferentes instancias religiosas, por lo que panteísmo puede ser concebido como un panteísmo moderno, pues ha surgido.
Según la concepción del dios, el panteísmo puede dividirse en el acosmista, el cual concibe a su dios como la realidad última del mundo y omnicomprensiva de todo lo existente. El realista-naturalista o ateo describe a dios como una unidad de todo el universo, pues es visto como la derivación de la unificación de todos los fenómenos naturales comprendidos por la ciencia. Y, el idealista ve a dios, el Uno-Todo, como un espíritu o idea absoluta del universo.
El panteísmo es una doctrina o un componente identificable en las ideas del filósofo griego Heráclito, en los fragmentos que de él se conservan. Según el filósofo presocrático del devenir, lo divino se halla presente en la totalidad de las cosas y, al mismo tiempo, es idéntico al mundo y a los entes en su integridad. Esta concepción arrastra a parangonar lo divino con el Universo, transformándolo en el «fuego generador» que unifica todos los contrarios.[cita requerida]
Ese Dios-todo de Heráclito congrega en sí mismo la totalidad de las cosas y es, de igual manera, una realidad de carácter eterno. Su cosmología parece, también, referirse a la teoría de un mundo de movimiento cíclico, en virtud de la cual el todo se asemeja a un conjunto de fases alternadas: una suerte de ciclo destructivo y productivo, que más tarde ha de ser retomado y desarrollado por los estoicos.[cita requerida]
Se ha hablado frecuentemente ―y acaso de modo impropio― del panteísmo de Plotino.[cita requerida] En realidad, para él la divinidad conserva para sí los dos caracteres, la inmanencia y la trascendencia. El dios plotiniano, penetrando todas las realidades, se encuentra por encima de todas ellas. Así, el filósofo sostiene con claridad que lo Uno, «en cuanto principio del todo, no es el todo». Una tal afirmación pareciera oponerse a las apreciaciones o interpretaciones inmanentistas y panteístas, de su pensamiento.[cita requerida]
La cosmovisión de Giordano Bruno bien puede ser entendida como un «panteísmo ateo», con ciertos rasgos específicos de «pan-psiquismo».[cita requerida] En su obra De la causa, el principio y el Uno es donde se encuentran sus ideas fundamentales sobre la realidad natural.[cita requerida]
Una forma o esquema general del universo es la denominada «alma del mundo», cuya preponderante facultad es un intelecto completo y universal, que todo lo llena y todo lo ilumina.[cita requerida]
La materia constituye el segundo principio de la naturaleza, por la cual la totalidad de las cosas se hallan conformadas. Los aspectos de los entes pueden mudar, variar o divergir, pero es siempre la misma materia la que se sostiene y perdura por debajo de las exteriores transformaciones.[cita requerida]
Ha sido usual en la época moderna considerar la filosofía de Baruch Spinoza como el más eminente y radical ejemplo de panteísmo, constituyendo de esa forma, el modelo de todos los panteísmos que le seguirán. Esto se debe principalmente a sus afirmaciones sobre el monismo de la sustancia y del estatuto modal de los individuos finitos, en especial el hombre: «Todo cuanto es, es en Dios, y sin Dios nada puede ser ni concebirse» (Ética, I, XV). El spinozismo, sin embargo, debe ser considerado más bien como un panenteísmo, porque para el filósofo neerlandés todo está en Dios y el Ser supremo no se confunde ni con el mundo ni con la totalidad de sus modos, al conservar Spinoza la distinción de orden escolástico entre natura naturans (Dios como principio de ser y de su vida irreductible a todo viviente particular) y la natura naturata, conjunto de modos infinitos y finitos. Estando constituido Dios por una infinidad de atributos de los que solo conocemos dos (el pensamiento y la extensión), la metafísica spinoziana no puede interpretarse ni como un panteísmo materialista ni como un panteísmo espiritualista, dado que en ella se dice es tanto res extensa como res cogitans. El panteísmo de Spinoza ha sido objeto de numerosas críticas; una de las más destacadas es la de Schelling, quien considera que Spinoza «anula la libertad y la personalidad de Dios reduciéndolo a un mero objeto incapaz de relacionarse con el mundo».9
Lo cierto es que han surgido panteístas en la historia del pensamiento filosófico y teológico, tal vez por el atractivo metafísico que lo divino ejerce en el hombre. Entre los antiguos pensadores con resabios panteístas se pueden citar también al judío Filón de Alejandría (25 a. C.- 50 d. C.), y a Amonio Sacas (175 d. C.-242 d. C.).[cita requerida]
Desde la perspectiva de la Nueva era se han identificado erróneamente como panteístas a muchos pensadores de diversas religiones en un esfuerzo por dar validez o renombre a sus teorías. Entrada la Edad Media, figuras como Escoto Eriúgena (810-877), Bernardo de Tours (+ 1150) y, sobre todo, Eckhart de Hochheim (1260-1327) vieron la sustancia divina en los seres del mundo, pero esto no es panteísmo, ya que son ideas que aparecen en el propio Catecismo. La diferencia es que el cristianismo afirma que todo lo existente, al ser creado por Dios, tiene cierta sustancia o semilla divina pero no es Dios en sí mismo, en cambio el panteísmo afirma que todo es Dios, negando que Dios exista como ente personal con voluntad propia, siendo así una idea contraria.10 Marcadamente lo fueron también el místico iluminista Antonio Rosmini (1797-1855) y acaso el antropólogo jesuita Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) con sus perspectivas teocósmicas del hombre y de la vida.[cita requerida]

"Si vas a construir una máquina del tiempo en un auto, tiene que ser con estilo".
La frase es parte del diálogo que el Doc Emmett Brown tiene con Marty McFly en el comienzo de Volver al Futuro. El científico le explicaba al adolescente por qué había decidido poner su invento más grande en el cuerpo de un modelo que, hacia 1985, gozaba todavía de cierta reputación pese a que ya llevaba tres años fuera del mercado formal.
El DeLorean DMC-12 fue, en su primera etapa, el resultado de un proceso con mucho delirio en el medio. Por eso, la sentencia del personaje de Christopher Lloyd es una metáfora acabada de lo que fue aquel deportivo presuntuoso, con puertas de apertura vertical al estilo Alas de Gaviota, un formato futurista y una historia escrita sobre crónicas policiales.

Ahora vuelve esta marca, a 40 años del abrupto final de su primera etapa, la fundacional. Lo hace en un tiempo distinto, que se presume en formato eléctrico. Y se supone que regresa con una solvencia diferente desde el aprendizaje de todo lo que hizo John DeLorean, su fundador, un playboy con ínfulas de superioridad que, cuando se vio acorralado, recurrió a hacer lo que sea para tratar de salvar su empresa. Incluso, vender drogas.
De la nueva DeLorean se sabe muy poco. Que se relanzará con un deportivo, que será enchufable y también con la firma de Italdesign, la casa italiana de Giorgetto Giugiaro que también había dibujado el DMC-12 a fines de los 70 para ponerlo en el mercado a principios de los 80. El primer teaser, que muestra apenas la misma apertura de puertas que el viejo modelo, fue difundido esta semana en redes sociales.

El DeLorean es un auto apasionante por la atmósfera cinematográfica que lo rodea, presente en su protagonismo en la trilogía de Volver al Futuro como compañero de aventuras en el tiempo de Michael J. Fox, pero también porque la vida de John DeLorean llegó al cine. Lo merecía: fue de película.
Producida por Steven Spielberg y dirigida por Robert Zemeckis, Volver al Futuro se estrenó el 3 de julio de 1985. Por esos días, el DeLorean DMC-12 ya formaba parte del inventario de las grandes ideas estrelladas contra la realidad. Fue una burbuja sobre ruedas: tuvo solo dos años de producción y casi 8.600 unidades fabricadas.
Antes del colapso, el hombre que le puso el apellido a la marca intentó hasta lo imposible para evitar el naufragio que, por la arquitectura del negocio que había montado, era inexorable. John DeLorean, hace cuatro décadas, quiso crear un unicornio: inventar una automotriz y tratar de convertirla en un éxito de la noche a la mañana, sin dinero propio sino con el aportado por inversionistas atraídos por promesas difíciles de cumplir. Y tan rápido como subió, cayó. Y bien al fondo: desesperado, se entregó al delito.
DeLorean era ingeniero y sabía de autos. Durante tres décadas fue parte de la industria. Nació el 6 de enero de 1925 en Detroit, la meca automotriz americana. Su padre Zachary trabajaba en Ford. Como un veinteañero, John entró a General Motors. Su crecimiento fue meteórico: fue el gerente general más joven en la historia de Pontiac primero y de Chevrolet más tarde. En 1972 fue elevado a jefe de las operaciones de automóviles y camiones para Norteamérica de GM.
Sin embargo, no encajaba con el molde tradicional de las automotrices, de bajo perfil y pensamiento conservador. Lo suyo era la extravagancia y presumir de ella. Cosechó tantos enemigos en GM que se fue en 1973 después de que misteriosamente se filtrara en la prensa un documento que él mismo había redactado para exponer ante otros ejecutivos de la compañía, con conceptos lapidarios sobre lo que consideraba la mala calidad de los autos de sus marcas.
La renuncia en General Motors coincidió con su tercer matrimonio, el que contrajo con la supermodelo Cristina Ferrare, 25 años menor que él (23 y 48). A ella le fue contando el proyecto para crear el "auto ético" que estaba detrás de DeLorean Motor Company, empresa que fundó el 24 de octubre de 1975. A la vista de la historia, parece una burla que el empresario haya pensado en dicho concepto, el que apoyaba en un vehículo que fuera seguro, duradero y sostenible.

Convocó a Colin Champan, el fundador de Lotus que era una celebridad entre los autos, para darle forma al chasis y la suspensión. Y el modelo fue firmado por Giorgetto Giugiaro, el creador de ItalDesign, quien le dio la forma de cupé al deportivo que DeLorean quería insertar en el mercado.
Giugiaro basó el DeLorean en un prototipo de 1970 que había diseñado para Porsche, que tenía una forma similar a la de una cuña. Su carrocería era de acero inoxidable con puertas de ala de gaviota. Equipaba un motor V6 de Peugeot-Renault-Volvo de 2.85 litros, montado en la parte trasera que producía 130 caballos, una potencia escasa para un auto tan pretencioso.

Con el proyecto sostenido en semejantes celebridades, John DeLorean obtuvo un crédito del Bank of America. Pero también contó con inversores privados de mucho renombre, como Johnny Carson, Roy Clark y Sammy Davis Jr. Otra forma de fondear el proyecto fue con anticipos que les pedía a concesionarios a cambio de acciones de la compañía.
Al buscar el lugar donde establecer la planta, desechó un acuerdo casi cerrado con Estados Unidos para instalarse en Puerto Rico al ser convocado por Gran Bretaña para establecerse en las afueras de Belfast, la capital de Irlanda del Norte. El lugar elegido fue un baldío de Dunmurry.

Tenía 100 millones de dólares y el respaldo británico. Una perspectiva alentadora. Pero la contabilidad no decía lo mismo. De hecho, DeLorean sabía que se iba a quedar sin fondos "el día que se produjera el primer auto", admitió años después Barrie Wills, quien era el director de compras y suministros de DMC en ese momento y luego su CEO final.
Peor se puso el escenario con el triunfo de la conservadora Margaret Thatcher, quien estaba en contra de las inversiones extranjeras y complicó los planes de la compañía. El respaldo local se había esfumado. Pero el auto salió de producción, en enero de 1981. En Estados Unidos decían que tenía mala calidad y poca potencia, y los 25.000 dólares (75.000 actuales) de su precio lo hacían caro. De hecho, quedaron 2.600 de las 8.600 unidades sin ser vendidas.
Thatcher lo asfixió, sin ayuda y con el bloqueo de posibles inversores locales. En la planta crecía la tensión con los trabajadores ante los retrasos y la parálisis. Con la quiebra a la vista, John DeLorean no iba vender barata la derrota. En el afán de conseguir dinero rápido y sin que le hicieran muchas preguntas, se embarcó en el delito.

En Estados Unidos pidió un préstamo de diez millones de dólares a privados pero nunca se los acreditaron porque no le creyeron. El 19 de octubre de 1982, el gobierno británico llamó al CEO Barnie Willis para conminarlo a cerrar la planta. Pero lo peor sucedía del otro lado del Atlántico…
Esa misma noche, DeLorean fue detenido: el FBI lo había grabado en una conversación en la que supuestamente aceptó un plan para vender 100 kilos de cocaína, por un valor estimado de 24 millones de dólares, dinero con el que iba a rescatar a la compañía. DeLorean Motor Company quebró una semana después.
Las crónicas de la época describen que DeLorean fue tentado por un infiltrado del FBI, quien se hizo pasar por narco y le ofreció la propuesta de vender la cocaína. Como no tenía el dinero, puso su propia compañía como garantía (que estaba inactiva y no tenía patrimonio) para comprar la droga y luego revenderla. DMC Inc. iba a pasar a manos de presuntos narcotraficantes. Lo grabaron y fue preso.
Resultó absuelto en el juicio por drogas. Enfrentó también procesos por malversación y fraude por parte de fiscales federales en Estados Unidos y Gran Bretaña. Nunca fue condenado. A sus acreedores les restituyeron 100 millones de dólares por el trabajo de investigación de casi 20 años.

DeLorean fue declarado en bancarrota y tuvo que vender su casa en Nueva Jersey, una propiedad con más de 200 hectáreas que fue adquirida por Donald Trump y convertida en el Trump National Golf Club.
La aparición del DMC-12 en la película fantástica del dúo Spielberg-Zemeckis revitalizó el auto pero como un objeto de culto. De hecho, se acaba de vender en una subasta una unidad de 1981, con muy pocos kilómetros, a más de 120.000 dólares.
Pero DeLorean, después de tanto escándalo, pasó a ser un paria. Murió a los 80 años, el 19 de marzo de 2005, producto de complicaciones surgidas tras un derrame cerebral. Vivía en un pequeño departamento en Nueva Jersey con Sally, su cuarta esposa, y sin contacto con sus hijos.

La vida de John DeLorean llegó en 2019 al cine en una biopic que mezcla ficción con testimonios reales, y que es protagonizada por Alec Baldwin en el papel del empresario, y se llama Framing John DeLorean.
Zachary y Kathryn, los hijos que tuvo con Cristina Ferrare, fueron clave en el armado del guion de la película. Cuando sus padres se separaron, a mediados de los 80, durmieron en el piso de la casa de sus abuelos maternos; años antes vivían en un fastuoso penthouse de 20 habitaciones en la Quinta Avenida, frente al Central Park, en pleno Manhattan. Su ex mujer no quiso hablar para los documentalistas, pero respetó que sus hijos lo hicieran para graficar la codicia de su padre, quien les mintió en forma descarada.
Una vez fallecido, su abogado Howard Weitzman definió con pocas palabras por qué pudo haber sido capaz de haber causado tanto daño: "John DeLorean tenía una de las opiniones más distorsionadas de lo correcto y lo incorrecto".
Ahora DeLorean vuelve, en un renacimiento eléctrico que, a priori, nada tiene que ver con aquellas aventuras desenfrenadas. Lo hará de la mano de Steve Wine, empresario que compró los derechos de la marca en 1995. La historia de su fundador le regala una sazón que puede hacer más tentadores a sus autos.
Durante mucho tiempo, arqueólogos y antropólogos sosteníamos que la separación entre humano y animal radicaba en la fabricación de herramientas. Y así se extendió el mito del Homo faber, una idea que caló muy hondo.
Sin embargo, una carnicería de hace 2,9 millones de años (Ma) encontrada en un yacimiento de Kenia vuelve a poner sobre la mesa quién fabricó las primeras herramientas de piedra, por ejemplo, para matar hipopótamos y machacar material vegetal.
Louis Leakey empezó a excavar en los yacimientos de Oldupai Gorge (Tanzania) en 1931. Encontró fósiles de animales extintos asociados a antiguos artefactos de piedra, y centró todas sus energías en hallar al artesano, al responsable de la factura de aquellos útiles líticos prehistóricos. Pero no apareció hasta que, en 1959, la arqueóloga Mary Leakey identificó los restos de un arcaico hominino.
A pesar de su clara anatomía simiesca, los Leakey determinaron que si había sido capaz de elaborar herramientas, solo podía ser algo muy parecido a un humano. Le bautizaron como Zinjanthropus boisei, el "humano de Zinj" (boisei hacía alusión al apellido del mecenas que financiaba los trabajos). Recibió el apodo de Cascanueces, y fue datado en 1 600 000 años. Eso significaba que las primeras herramientas de piedra tenían más de un millón y medio de años de antigüedad.
En 1960, y a escasa distancia del yacimiento Zinj, los Leakey descubrieron otro hominino coetáneo. Tras reconstruirlo llegaron a la conclusión de que se trataba de un individuo más grácil –menos robusto– que el Zinjanthropus, dotado también de una capacidad cerebral sensiblemente mayor. Como apareció asociado a herramientas de piedra, por primera vez en la historia de la paleontología se tuvo en cuenta un parámetro cultural en el momento de definir una nueva especie biológica. En efecto, recibió la clasificación taxonómica de Homo habilis: el "humano habilidoso".
Con esta nueva especie, los Leakey rectificaron: el primer artesano de Oldupai –y de todo el planeta– no había sido el simiesco y robusto Cascanueces, sino el primer representante del género humano, Homo habilis. El Zinjanthropus pasó a ser llamado Australopithecus boisei (hoy Paranthropus boisei). Y se consideró que la primera cultura material, el Olduvayense, coincidía con la aparición de Homo.

El dogma del Homo faber pervivió: seguimos considerando que la herramienta marcaba la separación entre humanos y animales.
Así era hasta que un naturalista autodidacta, Jordi Sabater Pi, y una joven primatóloga también autodidacta llamada Jane Goodall le dieron un vuelco al orden establecido. Sabater lo hizo desde Guinea, Goodall desde los bosques tanzanos de Gombe. En la misma década de los sesenta demostraron que los chimpancés eran capaces de fabricar herramientas. Aunque no de piedra, sino de naturaleza vegetal.
Jordi Sabater Pi, que acabaría siendo catedrático de Primatología de la Universitat de Barcelona, fue mucho más allá al afirmar que los instrumentos elaborados por el chimpancé eran tradiciones culturales.
Por otro lado, con el paso de los años, en varias localidades de Etiopía y Kenia se exhumaron herramientas de piedra con un amplio abanico de dataciones: entre 2,5 y 3,3 Ma. La prueba de que, antes de Homo, y como ocurre con nuestros primos vivos más cercanos –los chimpancés–, debieron existir homininos capaces de tallar la piedra: los australopitecinos.
La reacción de la mayoría de especialistas pro-Homo ante la noticia no fue muy entusiasta. Tampoco reaccionaron bien ante un descubrimiento revolucionario: la identificación, en Etiopía, de una nueva especie de hominino. Se llamaba Australopithecus garhi y estaba asociado a huesos de fauna con marcas de corte, la evidencia de que un australopitecino, hace 2,5 Ma, fabricó útiles líticos cortantes para descuartizar a sus presas animales.
Mientras, en yacimientos de Paranthropus robustus sudafricanos, no solo se hallaron herramientas líticas sino también vestigios de artefactos de hueso para perforar termiteros.
Un equipo codirigido por Camilo José Cela Conde (Universitat de les Illes Balears) y el firmante de estas líneas (HOMINID Grupo de Orígenes Humanos, Universitat de Barcelona / Universitat Oberta de Catalunya) nos desplazamos hasta las Tugen Hills (lago Baringo, Kenia) para trabajar en los sitios paleontológicos donde Brigitte Senut y Martin Pickford, del Instituto de Paleontología Humana de París, habían dado con los restos del Orrorin tugenensis (6 Ma de antigüedad). El objetivo: intentar localizar utensilios no modificados de piedra (yunques y martillos) empleados, de la misma manera que entre chimpancés y humanos actuales, por los primeros representantes de nuestra línea evolutiva.
Ahora, nuevas noticias también procedentes de Kenia sirven para restituir, por fin, el honor arrebatado al Cascanueces de Oldupai.
En la localidad de Nyayanga, en Kenia, un equipo en el que participan Rick Potts y Thomas Plummer ha hallado herramientas de piedra de tipología olduvayense (o Modo 1) junto a restos fósiles de Paranthropus boisei.
La datación es de 2,9 Ma, lo que significa que es claramente anterior a la génesis del género Homo. Entre el material habría artefactos líticos probablemente utilizados para descarnar carcasas de hipopótamo –aparecen huesos con marcas de corte– y piedras no modificadas usadas para machacar vegetales.
Queda totalmente claro que los humanos no fuimos los primeros en fabricar herramientas.
CONCLUSIÓN
La conclusión es que no la hay... Viendo algunos documentos sobre la historia humana, las definiciones sobre nuestro inicio son en base a pocas muestras, que son partes de esqueletos obviamente a muy mal traer.
Es que entendiendo un poco más de como funciona esto, los científicos, paleontologos, arqueólogos y geólogos, todos pertenecen a entidades como universidades de todas partes del mundo en las que reciben cuotas por proyectos, en donde es elegido algún arrojado muy convencido de tener pistas que lo llevarán a tener un resultado al cabo de terminar sus estudios en terreno, de tal forma solicitando fondos para armar su equipo con estudiantes con tiempo y quizás más de alguna guapa que lo quiera acompañar.
Entonces al cabo de estos años en terreno desgastantes y sin mucho resultado lo obliga a tener una conclusión casi obligatoria sobre el nuevo hallasgo de algun eslabón perdido, otra pieza del puzle que lo hará ganar un foto en el libro de historia y una mención honrrosa en el estudio del inicio de la vida "inteligente" sobre la tierra.
La verdad es que después de ver qué todos los libros de historia que entregan la información de la humanidad de forma impresa sin posibilidad de editar en dónde el alumno incluído yo hasta hace un tiempo que eso escrito a fuego en los libros son la verdad absoluta pero entrando un poco al detalle te das cuenta que toda la historia arqueológica y paleontologica sobre el origen del planeta, las estrellas y los que lo habitamos no son más que acercamientos con mucha conjetura.
Se agradece igual el interés y la dedicación, mi punto es que la historia humana y del planeta son teorías en ningún caso declaradas terminadas o zanjadas, si nun descrubimiento y estudio constante que no terminará nunca, porque las muestras que se tienen son muy débiles y el tiempo que transcurrió es mucho, quedará en el misterio y en las convicciones de cada lector.